La ciudad de los prodigios

Ambientada entre las exposiciones universales de 1888 y 1929 de Barcelona, La ciudad de los prodigios es una novela de Eduardo Mendoza que cuenta las peripecias de Onofre Bouvila, un campesino de 13 años que llega a la ciudad “para hacerse rico”: empieza como agitador social repartiendo panfletos anarquistas en la primera exposición y la segunda lo coge como uno de los hombres más ricos del mundo.

Entre medias, Mendoza narra la vida de un hombre hecho a sí mismo que no tiene reparo en vender falsos crecepelos a los obreros de la exposición, ejercer de matón a sueldo de un abogado que resuelve los casos turbios de la aristocracia barcelonesa, ser uno de los especuladores crecidos bajo el paraguas del Plan Cerdá, convertirse en vendedor de armas a los gobiernos de la Europa pre-guerra, ser el introductor del cine en Barcelona como mecanismo de agitación social o actuar como filantrópico financiero de actividades de ciencia.

Pero La ciudad de los prodigios es de esas novelas en que el personaje principal no es exclusivamente una persona, sino también una ciudad y el ambiente sociocultural que la impregna. A cuentagotas, Mendoza te hace sentir la evolución de la Barcelona que crece de 250.000 habitantes hasta el millón en los 40 años que separan las exposiciones. Una ciudad que es el motor industrial de España y vive en sus carnes la descomposición social, así como diversos avatares de la lucha de clases (es allí donde se funda la UGT y el Partido Socialista tiene su primer congreso).

La mezcla de profusos datos reales sobre la Barcelona de entre siglos -su demografía o la cantidad y situación de los pabellones de las exposiciones- conjuntamente con el ejercicio de ficción que supone tejer una trama en torno a un personaje con acceso simultáneo a los círculos de la alta y baja sociedad, convierte la novela en un friso de Barcelona, una puerta a la que asomarse y tratar de entender el magma social que dominaba la época.

En Art museums could change – will they?, Michael O’Hare defiende la idea de que los museos de arte pongan a la venta un mínimo de su colección oculta de bienes, con el objetivo de financiarse y permitir el acceso universal gratuito. En la actualidad, dice, menos del 10% de las posesiones llega a ser mostradas alguna vez en la vida. La mayoría se queda para siempre en sus bajos. Se pregunta si la función de los museos es “owning art and showing some of it” o por el contrario “offering a more, better engagement with art“. Visión ligada a la idea de Alain de Botton de que las exposiciones ofrezcan una experiencia del arte no basada en una línea temporal, sino en las emociones que representa y   el aprendizaje que es relevante hoy en día.

Desde el inicio de la crisis, en 2008, las PYMES europeas han sido el bastión contra los efectos devastadores de la crisis. (…) En 2014, fueron responsables de 2 de cada 3 empleos y del 60% de la riqueza generada en la unión.

Informe anual de la Comisión Europea

Hay una disonancia tremenda entre la importancia de las PYMES en el mundo real -el productivo- y en el mundo de la información económica y las páginas salmón.

Como dueño de un PYME, me siento consternado por este hecho y por la constatación continua del amor de los medios por un relato del éxito que se basa en lo atractiva que sea tu empresa para la venta. ¿Dónde puede informarse uno sobre los problemas reales de las PYMES y las historias de éxito enfocadas a la sostenibilidad de una empresa en el tiempo y la cohesión social que producen?

Mapbox es una de las compañías geoespaciales más innovadoras del mercado. No sólo han creado un producto alrededor de datos libres, sino que están reinventando por completo el stack tecnológico de la industria.

En este artículo podemos ver algunas pinceladas sobre cómo se organizan: un equipo distribuido por el globo sin jerarquías ni roles definidos, comunicación abierta a todo aquel que desee comentar e iterar sobre las cosas que se están haciendo (usan github y slack), coordinación diaria por voz (no más de 15 minutos) donde cada uno cuenta qué está haciendo, sus avances y bloqueos.

Una crítica a la arquitectura Spring clásica

He estado leyendo el artículo Understanding Spring Web Application Architecture: The Classic Way.

Creo que es un buen artículo porque explicita algo que no mucha gente hace en esta clase de cosas: cómo se distribuye la lógica del dominio en la  arquitectura que propone. En este caso, la divide entre servicios, objetos entity, objetos value, etc … y aunque no lo haya puesto de manera explícita, es habitual que, en el mundo real, la lógica del dominio llegue a los controladores de las vistas. Precisamente ésa es la principal crítica que se le puede hacer: propone un modelo del dominio anémico, lo que supone problemas de testeabilidad y comprensión de las reglas del dominio, dos de las actividades que me parecen más fundamentales en el desarrollo de software. No es un problema menor.

Sin embargo, hay otra crítica que se le puede hacer a estos sistemas. Con un impacto igualmente importante, pero quizás más sutil y difícil de ver: tienen un mayor riesgo de quedarse obsoletos. Este tipo de sistemas tienden a ser usados (por su propia manera de ser) como un todo: usas desde el ORM que empaqueta hasta su sistema de directivas HTML/JS (que, obviamente, tiene sutilezas que lo hace distinto a HTML y JS). Suele ser complejo integrar cosas diferentes a las que te propone el framework. Esto hace que seas vulnerable en áreas donde exista gran volatilidad o innovación. Por ejemplo: hoy en día, es inmensa la innovación que se está dando en las interfaces con HTML y JS, tanto por la consolidación de nuevos estándares –HTML5, ECMAScript6– como por la propia dinámica de la industria que ha apostado fuerte por estas tecnologías en los últimos años. Por lo tanto, si usas un sistema de plantillas propio del framework que sea un sucedáneo de HTML y JS, estás invirtiendo en un conocimiento/tecnología específico que en breve tiene grandes posibilidades de quedarse obsoleto.

Hasta aquí la crítica. Me parece importante entender también el atractivo que tienen este tipo de sistemas todo-en-uno. Desde luego que son atractivos al inicio, ya que venden que puedes construir una aplicación en un par de días sin programar ni pensar sobre cómo hacerla. Probablemente sí puedas hacer alguna cosa muy rápido. Me imagino que las primeras semanas pueden ser un camino de rosas. Pero lo que veo en el mundo real es que, a medida que inviertes tiempo en un framework todo-en-uno, los riesgos de encontrarse con sus límites y quedarte bloqueado son altísimos: costes altos de mantenimiento por falta de integración de tests, semanas de desarrollo para hacer lo que parece una pequeña mejora porque supone revisar la lógica en varios lugares e implementar la nueva petición en otras tantas capas, interfaces que no son tan atractivas como las de los competidores, etc.

Para mí, estos son unos riesgos no menores que no asumiría a no ser que los pros fuesen espectacularmente altos. Y habitualmente no lo son. Es muy fácil dejarse llevar y no darse cuenta de estas sutilezas, pero es igualmente peligroso, porque entonces serán los clientes los que te pidan más de lo que puedes dar a un precio competitivo o directamente contraten a otra compañía que se lo pueda ofrecer. Por eso me parece que la selección tecnológica no es meramente una cosa técnica, sino que tiene un impacto muy alto en el futuro de los productos que tu empresa puede ofrecer y conviene tener en cuenta tu contexto y no tomársela a la ligera.

Del diseño de los centros comerciales

Who enjoys shopping at IKEA? es un recorrido por diferentes diseños de tiendas y centros comerciales, que explica por qué Harrods vendía los sábados menos de lo esperado o cómo los recorridos de IKEA favorecen que el 60% de lo que nos llevamos  no esté en nuestra lista inicial de compra. Walmart bien pudo haber aprendido esto antes de perder billones de dólares con el rediseño de sus pasillos. Al hablar de ratios de conversión y accesibilidad, hay lecciones que se pueden extrapolar al diseño de interacción.

«Too often, universities try to contain the results of research in the hope of commercially exploiting the resulting intellectual property. Politicians believe that setting up tech-transfer incubators around universities will bring significant economic gains in the short or mid-term. It could happen. So couldwinning the lottery.»
Buxton refiere investigaciones hechas en Microsoft para la Academia de Ciencias estadounidense. Afirma que las grandes innovaciones tecnológicas tardan enormes cantidades de tiempo y dinero en hacerse mainstream. Las implicaciones que tiene el informe para la financiación de la transferencia tecnológicas son claras: una fuerte inversión estatal en investigación básica sostenida en el tiempo, con inversión privada en las últimas etapas para llevar la innovación a mercado.

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La galería de objetos interactivos de Bill Buxton es una gozada (y me da impulso para ampliar mi propia compilación). Te puedes encontrar cosas como la historia del trackpoint o pointing stick de IBM contada por el propio Ted Selker, inventor del dispositivo. Novelada por Malcom Gladwell, esta historia podría ejemplarizar la dureza de llevar al mercado una innovación: trabas burocráticas y técnicas, momentos de bajón, tesón y premio final.

Me pregunto dónde estarán ahora los Ted Selker de nuestra generación.