Las economías de alcance, según Beck

«Mass production is founded on the assumption that the value of the things you produce is greater than the value of what you learn. As you make more, you learn more, but slowly. That’s okay, because you’re going to make millions more that will benefit from your learning. No rush.

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When you reverse the proportion, when learning is more valuable than things, then economy of scale goes haywire. Putting off learning because “oh, we’ll make a million more,” no longer makes sense. The leverage is in learning, not production. You are willing to sacrifice today’s production for tomorrow’s improvement.»

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Kent Beck ha escrito sobre las economías de escala VS las economías de alcance, comparándolas desde el punto de vista del proceso. Es importante lo que dice porque engancha el contexto que nos encontramos en el mercado (reducción de escala de producción) con las variables que necesitas optimizar en tus procesos (rapidez, aprendizaje), dándole a los ciclos ágiles de desarrollo una justificación económica, además de humana y tecnológica.

Somero 2015

Me he pasado la semana pasada en Gijón, en el #Somero2015, un evento poco convencional donde podías a la vez desarrollar código, socializar con programadores y conversar con los líderes y policy-makers del futuro. Todo en un mismo pack. El hilo conductor fue el futuro en la sociedad distribuida: la producción de baja escala que habilitan el hardware y software libre, la resiliencia de las infraestructuras urbanas, el futuro de la banca y los cambios sociales que se avecinan.

Me resulta imposible resumir todas las conversaciones que he tenido con catedráticos de economía, jugadores de go, diplomáticos de comunas, presidentas de cámaras de comercio, programadores, activistas por los derechos civiles en internet, emprendedores tecnológicos, líderes políticos, etc; personas de Suecia, País Vasco, Estados Unidos, el levante español, Nápoles, Londres, Argentina o Madrid. No recuerdo jamás haber estado en un evento tan diverso y con gente tan dispuesta a entablar conversaciones con completos desconocidos. ¡Me lo he pasado en grande!

Esa sensación de cercanía y aprendizaje ha estado amplificada por el hecho de que el evento ha tenido una lectura interna para los que participamos en lamatriz.org: nos hemos desvirtualizado. Comparto todo lo dicho por Gustavo. Me ha sorprendido verme en conversaciones donde intuías lo que iba a decir alguno de los presentes, lo esperabas y repartías juego para que todos participásemos. He tenido una sensación de familiaridad y valores compartidos muy profunda sobre aspectos básicos de la vida: orientación a mercado, una cierta sensibilidad hacia estructuras distribuidas de poder y distribución, conocimiento y apuesta por las tecnologías libres, … son cosas que no se encuentran fácilmente en una conversación, o al menos no con tanta naturalidad.

En definitiva, el #Somero2015 me ha recargado las energías y me ha conectado con un montón de gente con la que quiero empezar o continuar haciendo cosas juntos. ¡Estoy deseando que venga ya el #Somero2016!

¿Particionar o no particionar?

Hoy he tenido una de esas epifanías sobre una cosa que uno supone como básica, y que por eso mismo hacía más de 10 años que no pensaba sobre ella: ¿particionar el disco duro o no particionar?

Por qué dividir mi disco duro en particiones

La sabiduría convencional nos dice que un disco duro debe tener al menos la partición del sistema operativo y la de datos separadas. En otras como swap y temporal es más fácil encontrarse opiniones diversas. La sabiduría nos dice que:

  • tenerlas separadas hace que tengas un entorno más resilente, ya que si el sistema se estropea en una actualización o por un virus, puedes reinstalar uno nuevo sin tocar la partición de datos.
  • permite hacer cosas como tener varios sistemas instalados en distintas particiones compartiendo la de datos.
  • es una manera de asegurarte que el sistema operativo reside en los primeros sectores físicos del disco duro, donde el acceso a lectura es más rápido y, por lo tanto, tendrás mejor rendimiento.

Cuando me he puesto manos a la obra para llevar esa sabiduría a la práctica me han entrado unas dudas existenciales que describo a continuación.

Por qué tengo 1 única partición

Mi sistema inicial es un Ubuntu 14.04 con LVM con una única partición y encriptado. Mi plan inicial era usar LVM para crear una nueva partición para los datos dejando la del sistema operativo en unos 25Gb.

La razón principal de haber decidido usar LVM es que me permite redimensionar las particiones dinámicamente. Uno de los problemas que tuve con mi anterior portátil es que la partición del sistema operativo -donde también residían las bases de datos- llegó a su tope de capacidad en el peor momento: cuando necesité actualizar una BD a pocas semanas de una entrega. La BD en cuestión ocupaba unos 10Gb y necesitaba otros 5Gb de espacio que no tenía en el sistema, pero sí en la de datos. Como no podía redimensionar las particiones y ponerse a instalar las BD en la partición de datos llevaría un montón de tiempo, me puse como un loco a borrar kernels no usados, limpiar cachés, eliminar locales y desinstalar programas. Al final conseguí hacer sitio y salí del paso.

La primera lección aprendida es que es increíble la cantidad de basura que uno acumula. La segunda, que no me gustan las particiones.

Por eso, con la compra de mi nuevo equipo, me he estado replanteando si particionar o no y cuál es la mejor estrategia ahora, en 2015. Me dió por pensar sobre esto principalmente porque mi equipo incluye un disco SSD de 512Gb. A nivel práctico esto significa que:

  • un disco SSD, a diferencia de los de aguja, la velocidad de acceso a los distintos sectores físicos del disco es la misma, no depende de la posición que tengan. Es decir, tener el sistema operativo en la primera partición ya no es un diferencial para el rendimiento.
  • el espacio que tengo es justito para todo lo que quiero almacenar en él durante los siguientes años. Decidir cómo particionarlo supone un problema porque tengo que pensar cómo. Es cierto que el uso de LVM mitiga los efectos de esta decisión ya que podría cambiarlo en el futuro si el sistema crece más de lo previsto o la de datos se me quedase corta. Pero la verdad es que me da pereza pensar en esto de las particiones y tener que juguetear con ellas. Tampoco sé cómo puede resultar o si voy a tener problemas, no estoy experimentado con LVM, así que tengo una aproximación conservadora.
  • no necesito tener partición de datos compartida entre varios sistemas porque tengo sólo 1. Si necesitase un Windows para hablar con la administración, puedo virtualizarlo; de todos modos, en los últimos 6 años no recuerdo haberlo necesitado. Tampoco tengo planeado ponerme a probar nuevos sistemas Linux en paralelo.
  • tengo un sistema de backup que funciona y que permite recuperar datos entre ordenadores de un modo sencillo, con lo que usar las particiones como medida anti-pérdida de datos si hay un problema con el sistema no me aporta nada.

Todo esto me ha hecho reflexionar. Sabiendo, además, que si estoy equivocado y sufro un desastre o mal rendimiento siempre estaré a tiempo de jugar con LVM para organizarlo de otra manera, me he propuesto probar una nueva estrategia que parece más adecuada hoy en día. He decidido quedarme con una única partición.

4 semanas de blogueo diario

Durante las últimas 4 semanas he estado blogueando a diario, entre semana. Me apunté a un reto que lanzó Pablo desde su blog a raíz de las conversaciones en lamatriz. Lo hice porque me pareció divertido y porque pocos días antes me había tocado la fibra sensible. También porque me apetecía forzar un poco y entender los límites de publicar 20 posts en 1 mes, que era algo que no hacía desde hace casi 10 años.

El reto ha servido de incentivo para publicar cosas que tenía ganas de contar pero no la constancia para hacerlo. Muchos de los posts iniciales eran ideas que bien estaban ya en borrador o que tenía en la cabeza para los que el reto supuso un deadline, una fecha de entrega. Me resultaba más fácil empezar a publicar con cosas ya medio cocinadas. Uso mucho mi blog como diario de aprendizaje, lo que significa que escribo muchas veces para aclarar ideas. Tener una idea «en borrador» supone que me falta la última milla para entenderla por completo y ser capaz de comunicarla, pero en muchas ocasiones la abandono porque no tengo esa urgencia de publicación y creo que ya la entiendo. Otras veces, llego a un callejón sin salida para el desarrollo de la idea, así que simplemente doy la vuelta y la dejo en borrador. Ahora me he dado cuenta que esa última milla es clave, que pasar de borrador a publicado supone también clarificar ciertas ideas que parecen asentadas pero no lo están tanto.

He necesitado en torno a 1 o 2 horas para escribir los posts largos y unos 20 minutos los cortos, lo que no es un tiempo despreciable. Con un par de entradas me ha ocurrido que no he podido publicarlos como tenía previsto porque simplemente necesitaba más tiempo para documentarme y depurar las ideas. Por otro lado, le he robado tiempo a otros espacios vitales que me apetece cuidar más ahora mismo. En definitiva, me ha costado publicar a diario, no estoy ahora mismo para estos trotes. Aunque no creo que los siguientes meses mantenga esta intensidad de publicación, sí me gustaría probar con una periodicidad regular (¿1 o 2 a la semana?) porque eso ha tenido una influencia positiva.

He publicado entradas que nunca hubiese publicado sin esa sensación de urgencia. No me arrepiento, muy al contrario, he aprendido alguna lección. Me ha dado la sensación de que publicar contenido semi-personal ha servido de contrapeso y le ha dado ligereza a mi blog. He entendido que un cuaderno intelectual puede llegar a convertirse en algo muy privado. El lenguaje se vuelve interno, teórico. La densidad de ideas que puedo entrelazar un post y que muchas veces no han sido explicitadas en el blog previamente o que consolidan varias lecturas durante meses, puede convertir en poco atractivo para otros acercarse a mi experiencia de aprendizaje. Incluir entradas más ligeras o comentarios de noticias creo que ha favorecido a desarrollar conversaciones y poner ejemplos de ideas que tenía publicadas en formato teórico.

Esta prueba me ha convencido de que mi blog necesita un nuevo formato, acorde con un tono distinto que ahora me apetece integrar aquí. En los últimos años he venido integrando ciertos reposos de conocimiento que iba generando (glosario, itinerarios, cuasi-libros, etc) en el blog. Últimamente también minientradas que he disfrutado mucho como comentarios de noticias, etc. Pensar cómo el blog puede dar cabida a esos 2 tipos de publicación que requieren distintos formatos, lenguaje, etc será mi siguiente paso. Me gusta mucho las cosas que hacen Matt Mullenweg o Martin Fowler; también The book of life y quiero parecerme más a ellas.

En definitiva, he disfrutado del reto. Me ha dado ánimos para profundizar en el desarrollo de mi blog como punto central de mi presencia online y he aprendido algunas cosas de cómo me gustaría mejorar esa presencia. Sólo por eso, ha valido la pena.

Cánones y ciencia ficción

Continuando con el consumo cultural, hoy quiero reseñar dos eventos recientes y pensar sobre el rankismo en la ciencia ficción.

Miquel Barceló ha publicado su antología de los 100 mejores títulos de ciencia ficción, 25 años después de la primera. Barceló ha sido de las mayores fuerzas en la popularización de la scifi en España como traductor y editor de una inmensidad de obras. Leo su entrevista y me entran unas ganas locas de leer su canon para saber cuáles considera importantes una persona tan leída y mejorar mi mapa mental de autores por leer. Pero entonces leo esto:

Inevitablemente la guía es —y no rehúye serlo— polémica en su selección de los mejores títulos. No incluye, por ejemplo, ninguna obra de Ballard. Y eso sí que algunos lo juzgarán anatema. Barceló, que tampoco valora especialmente a Philip K. Dick (como gran ucronía prefiere Pavana, de Keith Roberts, a El hombre en el castillo), recuerda que en su famoso libro Ciencia ficción, las cien mejores novelas, David Pringle no puso Fundación. “Era una época en que quedaba bien hablar mal de Asimov, que había reducido su registro semántico a tres mil palabras para que le pudiera leer todo el mundo, incluido un granjero de Kansas, lo que no le hace precisamente muy literario”. Barceló aprovechó para recordar que el género tiene junto a plumas como la de Asimov las de grandes estilistas como Dan Simmons o Stephenson.

De alguna manera es una bofetada al instinto fanboy que hay dentro de mi e inevitablemente me devuelve a la realidad: la guía es otro canon. Personalista. Importante sin duda por la relevancia que tiene en el mundo hispanohablante. Quizás también influido comercialmente por las propias obras que él ha editado. Y pienso que sería estupendo tener los cánones de mis amigos en algún lugar que pudiese consultar regularmente. Sin molestarlos cada vez que quisiera consultarlos, aunque a veces les pregunte sólo por conversar. La ventaja de consultar los cánones de mis amigos sería que los conozco: sé si uno se deja llevar más por fantasía o si la detesta, si abusa de la soft scifi o por el contrario de la hard, etc. Es decir, tengo un contexto y puedo entender sus inclinaciones. No ocurre lo mismo con Miquel Barceló a no ser que las explicite él mismo.

Es entonces que me da por recordar la polémica de los recientes premios Hugo. Dos grupos llamados Sad Puppies y Rabid Puppies –compuestos en su mayoría por autores de ciencia ficción que han sido nominados a los Hugo- han hecho campaña para posicionar en las nominaciones a autores de su preferencia. Estos grupos defienden que los Hugo  “han derivado en propaganda política de izquierdas, dando peso a historias de gays, académicas o de nicho dejando de lado criterios de calidad“. Otros los acusan de reaccionarios y dicen que los premios simplemente reflejan un abanico de mayor diversidad que “las historias de hombres blancos“. La polémica ha sido muy pública y Los votantes han preferido elegir “sin premio” en todas aquellas categorías donde sólo habían sido nominados candidatos puppies.

Estas dos historias ponen de relieve que uno no debe dejarse llevar por los ránkings sin ser consciente de sus bias. No hay un ránking válido, hay muchos posibles, como nos recuerda la historia de la salsa de spaguetti que tan bien cuenta Malcolm Gladwell:

De ascendencia árabe

En Dallas, un niño de 9 años lleva al cole un reloj hecho por él mismo y acaba en la cárcel por tener ascendencia árabe. Su profesor de inglés creyó que era una bomba. El niño declara que de mayor su sueño es estudiar en el MIT. Obama lo ha invitado a la casa blanca:

Debemos recordar este tipo de actitudes xenófobas cuando nos preguntemos por qué tiene éxito algo como el Estado Islámico. La batalla por las dignificación de las personas y la lucha contra los monstruos se libra en estos pequeños detalles.

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Esta semana CartoDB ha hecho público un acuerdo por el cual obtiene 23 millones de financiación externa. Miguel Arias, su CFO, ha escrito sobre esto también con números interesantes. Pero el que realmente captó mi atención ha sido el post de Javi Santana, CTO de CartoDB. De alguna manera me recordó al de Aitor, antiguo CTO de Ducksboard, otra startup española que se vendió el año pasado por estas fechas a New Relic. Lo que ambos transmiten en sus escritos es una nueva manera de hacer las cosas, sin cancamusa, orientada a resultados y a las personas.

 

Élites y fútbol bajo el BREXIT

Con el referendum sobre la Unión Europa en UK a golpe de vista, The Guardian analiza cómo afectaría a las estrellas europeas de fútbol que juegan en la Premier si se da un BREXIT. Aplicando a futbolistas de países europeos las mismas normas que rigen ahora a los extracomunitarios, la mayoría de estrellas de la Premier no podrían jugar. Por lo que los aficionados sufrirían una merma del espectáculo y, por lo tanto, la Premier como producto televisivo dejaría de ser competitivo respecto a otras ligas. Aunque nadie duda de que harían leyes especiales para las élites:

We’ve always had immigration rules that have exceptions for highly talented individuals. I can’t imagine any government, no matter how crazy, would want to pour cold water on the Premier League, which is a hugely important export

Todo un editorial de The Guardian al corazón del Reino Unido más profundo: competitividad de las empresas + fútbol. ¿Dónde estarán los ingleses que lucharon por montar la primera exposición universal a pesar de que eso significaba traer productos extranjeros que competían con los propios?