Cánones y ciencia ficción

Con la publicación del nuevo canon de Barceló y la polémica de los premios Hugo, me da por pensar en la vida, el rankismo y todo lo demás.

Continuando con el consumo cultural, hoy quiero reseñar dos eventos recientes y pensar sobre el rankismo en la ciencia ficción.

Miquel Barceló ha publicado su antología de los 100 mejores títulos de ciencia ficción, 25 años después de la primera. Barceló ha sido de las mayores fuerzas en la popularización de la scifi en España como traductor y editor de una inmensidad de obras. Leo su entrevista y me entran unas ganas locas de leer su canon para saber cuáles considera importantes una persona tan leída y mejorar mi mapa mental de autores por leer. Pero entonces leo esto:

Inevitablemente la guía es —y no rehúye serlo— polémica en su selección de los mejores títulos. No incluye, por ejemplo, ninguna obra de Ballard. Y eso sí que algunos lo juzgarán anatema. Barceló, que tampoco valora especialmente a Philip K. Dick (como gran ucronía prefiere Pavana, de Keith Roberts, a El hombre en el castillo), recuerda que en su famoso libro Ciencia ficción, las cien mejores novelas, David Pringle no puso Fundación. “Era una época en que quedaba bien hablar mal de Asimov, que había reducido su registro semántico a tres mil palabras para que le pudiera leer todo el mundo, incluido un granjero de Kansas, lo que no le hace precisamente muy literario”. Barceló aprovechó para recordar que el género tiene junto a plumas como la de Asimov las de grandes estilistas como Dan Simmons o Stephenson.

De alguna manera es una bofetada al instinto fanboy que hay dentro de mi e inevitablemente me devuelve a la realidad: la guía es otro canon. Personalista. Importante sin duda por la relevancia que tiene en el mundo hispanohablante. Quizás también influido comercialmente por las propias obras que él ha editado. Y pienso que sería estupendo tener los cánones de mis amigos en algún lugar que pudiese consultar regularmente. Sin molestarlos cada vez que quisiera consultarlos, aunque a veces les pregunte sólo por conversar. La ventaja de consultar los cánones de mis amigos sería que los conozco: sé si uno se deja llevar más por fantasía o si la detesta, si abusa de la soft scifi o por el contrario de la hard, etc. Es decir, tengo un contexto y puedo entender sus inclinaciones. No ocurre lo mismo con Miquel Barceló a no ser que las explicite él mismo.

Es entonces que me da por recordar la polémica de los recientes premios Hugo. Dos grupos llamados Sad Puppies y Rabid Puppies –compuestos en su mayoría por autores de ciencia ficción que han sido nominados a los Hugo- han hecho campaña para posicionar en las nominaciones a autores de su preferencia. Estos grupos defienden que los Hugo  “han derivado en propaganda política de izquierdas, dando peso a historias de gays, académicas o de nicho dejando de lado criterios de calidad“. Otros los acusan de reaccionarios y dicen que los premios simplemente reflejan un abanico de mayor diversidad que “las historias de hombres blancos“. La polémica ha sido muy pública y Los votantes han preferido elegir “sin premio” en todas aquellas categorías donde sólo habían sido nominados candidatos puppies.

Estas dos historias ponen de relieve que uno no debe dejarse llevar por los ránkings sin ser consciente de sus bias. No hay un ránking válido, hay muchos posibles, como nos recuerda la historia de la salsa de spaguetti que tan bien cuenta Malcolm Gladwell:

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