Seiza: sentarse y levantarse

Seiza es una de las posturas más habituales que se adoptan al sentarse en Aikido. Es común a varias artes marciales, pero también en otros ámbitos rituales de la vida japonesa, como las ceremonias del té.

La manera de levantarse y sentarse en Seiza está regulada. Al arrodillarse, uno lo hace primero con la izquierda:

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Al levantarse, es la derecha la que primero se levanta del suelo:

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La razón para hacerlo así es que la catana están envainada en la parte izquierda de la cintura, por lo que sentarse y levantarse en este orden permite operar con ella en cualquier momento.

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El siguiente vídeo da alguna indicación más sobre la postura correcta en cada uno de los momentos del movimiento:

 

 

Mis primeras sesiones de Aikido

Mi primera sesión de Aikido fue mal. La ropa, un chándal que me apretaba los tobillos y me hacía daño al moverme. A mitad del calentamiento, luego de varios ejercicios de volteretas y mover el cuello, mis cervicales dijeron basta; me estaba mareando y decidí abandonar. Mi vida de oficinista sedentario y que fuese una tarde extremadamente calurosa también tuvieron su papel, imagino.

Al día siguiente por la mañana, aunque no me tocaba, tomé la iniciativa de volver. Había decidido que me interesada practicar Aikido y sentí que si iba a convivir con esos compañeros y maestros durante los siguientes meses, necesitaba mejorar mi actuación del día anterior cuanto antes. Para mi humillación, la segunda sesión no fue mucho mejor: en el mismo ejercicio, de nuevo sentí que no estaba bien y decidí ausentarme, por prudencia. Estuve casi 5 minutos tumbado con las piernas en alto. Cuando consideré que estaba recuperado, reingresé al tatami. Con las prisas no me había puesto las sandalias para caminar por fuera; por supuesto, tampoco había pedido permiso al entrar y salir.

En las siguientes ocasiones los errores empezaron a ser técnicos -cómo sentarse y levantarse, posición del cuerpo, cómo caer, etc- lo que sin duda era una mejora.

Fue un comienzo un poco vergonzoso. Pero cuando pase el tiempo y pueda considerarme Aikidoka regular, podré compararme con estas primeras veces. Si he mejorado, habré dado un paso en la dirección a la que nos empuja el Aikido a cada uno de nosotros.

En busca del ejercicio perdido

Hace más de un año que descubrí y empecé a practicar el Tai Chi Chuan, gracias a uno de los talleres que había en mi ciudad durante el verano. Llevaba tiempo sin practicar ningún ejercicio y había estado leyendo textos sobre artes marciales, así que al ver taller no me lo pensé dos veces.

Aunque tenía un poco de miedo al tinte new age con el que se cubre hoy en día la práctica, el instructor me sorprendió muy gratamente por su planteamiento integral como arte marcial. Dos veces a la semana nos juntábamos en el parque que hay cerca de casa y seguíamos una rutina de ejercicios. Luego del calentamiento, practicábamos una nueva posición. Posteriormente, veíamos las aplicaciones que tenía esa posición tanto en ataque como en defensa personal mediante la práctica en pareja, lo que me resultó de una utilidad enorme para memorizar la posición e integrarla con las restantes a medida que íbamos construyendo una forma propia.

Fue muy motivador comprobar la facilidad con que, al final de las 8 semanas, podíamos ejecutar la rutina que habíamos ido construyendo de modo muy natural y sentido, también bello, a pesar de la no poca complejidad entre posiciones.

Aunque inevitablemente corto para entender los fundamentos físicos, respiratorios y meditacionales de la práctica del Tai Chi Chuan, ya en las primeras semanas de práctica uno se enfrenta al estudio de las posiciones y el equilibrio. Durante meses, me resultó enormemente gratificante la práctica diaria. Pero casi sin darme cuenta, los apuros del trabajo y los compromisos sociales fueron sometiendo mi esfera personal y lo he ido dejando de lado. Creo que la soledad de la práctica y la necesidad de encajar muchas cosas a la vez se impuso a mis ganas de mejora.

En las últimas semanas, me he puesto el objetivo de recuperar ese espacio. Con el ánimo de darle mayor continuidad, he puesto el foco en grupos que practiquen regularmente en mi ciudad, sean o no de Tai Chi Chuan. Porque si algo he aprendido en mi breve periplo por las artes marciales es que aprender a encontrar el equilibrio físico y mental es una habilidad que vale la pena desarrollar.