UKL passed away

I’ve just learned that Ursula K. Le Guin is no longer with us. She left multiple worlds for us to play with and learn from. Two of them –The Left Hand of Darkness, and The Dispossessed– are my goto guides when it comes to imagining societies that take into account the role of self-management, genre, language, and free commerce. We cannot bring her back, but we still have her words to read all that she wanted to tell us.

The pleasure of finding things out

This was the first book listening experience that I’ve actually finished. Sean Runnette‘s voice was adequate for setting the tone and rhythm – actually, sometimes I felt I was listening to Feinmann himself!

Having read Surely You’re Joking, Mr. Feynman!What Do You Care What Other People Think? and some other papers/videos, most of the stories in the book I already knew, but it had some new material that made it interesting nonetheless. This is more mathematical/physical intense than the others, probably because it’s mostly focused on the scientific and less in the human Feynman – but also because many chapters are directly transcribed from conferences he gave. It’s also worth noting that, unlike the other two, this book was published without Feynmann intervention: it’s published 10 years after his death.

If I had to choose only a Feynman book I’d choose Surely You’re Joking, Mr. Feynmann! It’s better edited and has more variety. Then, if you are hungry for more, What do you care what other people think? contains new stories. I liked this one, but I doubt it’s a good introduction to Feynmann lifestyle, work, values, and character.

Code simplicity

 

I’ve just finished the book Code Simplicity. It presents a framework for thinking about software development in the form of laws and rules. It’s short but comprehensive. From my experience, the laws and rules hold true. I think the book has value as an overall perspective of what’s important in software development, and there are some chapters that are really spot on: for example, the equation of software design – something that I’ve already included in my glossary and plan to expand.

Code Simplicity doesn’t intend to land the laws and rules to something actionable, though. I’m at a point in my career where I’m focused on consolidating and reflecting upon how to achieve simplicity in software design – that means that I crave for specifics so I can compare them with mine.

As a cross-recommendation, if you are interested in learning about the laws of software development in a manner that is actionable, I’d suggest reading the Beck’s trilogy: Extreme Programming Explained: Embrace Change, Test Driven Development: by example, and Implementation Patterns. Those three books make a great combination of macro-forces (at a project level) and micro-forces (at a coding level) in software design. They were fundamental in consolidating my experiences as a programmer, so I’m highly biased towards them.

Hat tip for the Code Simplicity recommendation: Nikolay.

Por no mencionar al perro

¿Puede un libro ser a la vez una comedia de enredos, una novela de detectives, una sátira ambientada en la época victoriana y una obra de ciencia ficción? Todo eso, y más, es “Por no mencionar al perro” de Connie Willis.

De esta autora había leído Oveja Mansa. Aunque son libros y temáticas distintas, hay ciertas reflexiones compartidas; por ejemplo, las que tienen que ver con los sistemas complejos y la teoría del caos, reflexiones sobre si el progreso y la Historia es causal o casual. Quizás se deba a que las dos novelas han sido escritas durante el mismo período y Connie Willis no es inmune a la obsesividad que conlleva el aprendizaje sobre un tema (Spielberg hizo varias películas muy seguidas sobre los extraterrestres o la segunda guerra mundial, Stephenson amortizó su tiempo de investigación sobre mitología sumeria y griega en varios libros, etc). Ambas comparten también cierta manera de tejer el argumento que definiría como característica de Willis: su interés por los usos/modas/costumbres en distintos momentos históricos, las aventuras basadas en situaciones cotidianas y una escritura ligera que saca lo mejor de las comedias románticas.

¿Qué se puede decir de esta novela sin destripar la gracia del argumento?

Para empezar, que está ambientada en el año 2.057, donde existe una máquina de viajes en el tiempo que usan sólo los historiadores de Oxford porque no es rentable para nada más. Luego, que los historiadores Ned Henry y Kindle necesitan deshacer una paradoja temporal, de ésas que a la que despistas modifican el curso de la Historia de tal manera que provocan que los nazis ganen la 2ª guerra mundial, por ejemplo. Las paradojas temporales tienen un papel principal en esta novela; sin embargo, con lo que he disfrutado de verdad es con la aparición estelar de la Luftwaffe y la RAF, con el proyecto de reconstrucción de la catedral de Coventry que habría sido vendida primero a una secta espiritista y luego sustituida por un centro comercial, con el viaje que supone leer sobre la sociedad victoriana del siglo XIX durante la segunda revolución industrial o con los paseos en barco por el Támesis que son en sí mismos una road-movie.

Aunque es una novela larga con varios tirabuzones en el argumento, se hace entretenida gracias a la fina ironía y sátira que impregna el estilo de Connie Willis, así como a su capacidad para sacar jugo a los tópicos del género detectivesco y romántico. Quizás no me arrancó tantas carcajadas como en Oveja Mansa, pero sí me puso de buen humor.

Si eres fan del Ministerio del Tiempo o te gustó la película About Time, es probable que también disfrutes de esta novela donde la Historia es un personaje más. Por no mencionar al perro.

La mano izquierda de la oscuridad

Esta novela de Ursula K. Le GuinTheLeftHandOfDarkness1stEd fue publicada en 1969. Ambientada en el planeta Gueden (llamado también Invierno porque su superficie está siempre helada), la historia narra la visita de Genri Ai, un diplomático que tiene por objetivo conseguir la adhesión del planeta al Ekumen, algo así como una alianza interplanetaria para fomentar el libre comercio e intercambio de ideas.

Aunque en todo el planeta hay un cierto desarrollo tecnológico e industrial, las civilizaciones que lo habitan no han desarrollado conocimiento (ni imaginación) para volar y mucho menos saben de la existencia de otros seres en el universo más allá de sí mismos y los dioses que los acompañan. Las dos organizaciones más grandes del planeta son Karhide (un estado en fase tribal) y Orgoyen (un estado que está en fase de desarrollo de la capa funcionarial y burocrática).

Los habitantes de Gueden tienen varias características especiales, la primera de ellas es que son andróginos y hermafroditas: no tienen un sexo definido, sino que una vez al mes entran en celo y desarrollan un sexo. Cualquier persona puede ser un hombre en un ciclo y mujer al siguiente; de igual modo, cualquiera puede dar a luz. La segunda es que tienen un sistema muy sofisticado de orgullo personal (el shifgredor) pero no conocen la violencia organizada, las guerras y las luchas en grupo. El shifgredor vendría a ser algo así como la sombra de uno, su karma o capacidad de influir en los demás, también el respeto que le tienen. Han desarrollado por ello grandes habilidades diplomáticas y se puede decir que son incapaces de mentir, aunque juegan con las medias verdades.

A nivel narrativo, la tarea de Genri es doble: convencer a Gueden de las ventajas de unirse al Ekumen y sobrevivir a las intrigas que ponen en riesgo su vida. El personaje sirve, además, de conducto para que Le Guin nos presente unas cuantas ideas interesantes:

  • ¿Qué ocurre en una sociedad donde nadie es completamente hombre ni nadie mujer? Es sin duda un libro para darse cuenta de los costes sociales asociados al género: se habla de sexo, de cualidades masculinas y femeninas, de maternidad y paternidad, etc.
  • ¿Cuáles son los beneficios del libre comercio e intercambio de ideas? Genri, como diplomático del Ekumen que desea firmar algo así como un Tratado de Libre Comercio, está despojado de la visión colonialista de los humanos que llegan al mundo Bosque y la lógica extractiva de lo que hoy día conocemos como TLCs. Eso permite algunas conversaciones muy ponderadas sobre el desarrollo humano asociado al mercado, escondidas bajo la lógica de la liga internacional de mundos.

Tanto esta novela como Los desposeídos me parecen pequeños laboratorios humanos, ejercicios de investigación sociológica. Son obras que, a pesar de haber sido escritas en plena época hippie, han desarrollado de manera muy madura temas complejos como la anarquía, el rol del libre comercio en el desarrollo o la perspectiva de género. Me atrevería a decir que son novelas muy del siglo XXI. Son entretenimiento puro, que nos hace pensar sobre otros mundos posibles, en todas sus dimensiones, con sus problemas e incentivos, firmadas por la gran maestra en la creación de utopías ambiguas.

Cánones y ciencia ficción

Continuando con el consumo cultural, hoy quiero reseñar dos eventos recientes y pensar sobre el rankismo en la ciencia ficción.

Miquel Barceló ha publicado su antología de los 100 mejores títulos de ciencia ficción, 25 años después de la primera. Barceló ha sido de las mayores fuerzas en la popularización de la scifi en España como traductor y editor de una inmensidad de obras. Leo su entrevista y me entran unas ganas locas de leer su canon para saber cuáles considera importantes una persona tan leída y mejorar mi mapa mental de autores por leer. Pero entonces leo esto:

Inevitablemente la guía es —y no rehúye serlo— polémica en su selección de los mejores títulos. No incluye, por ejemplo, ninguna obra de Ballard. Y eso sí que algunos lo juzgarán anatema. Barceló, que tampoco valora especialmente a Philip K. Dick (como gran ucronía prefiere Pavana, de Keith Roberts, a El hombre en el castillo), recuerda que en su famoso libro Ciencia ficción, las cien mejores novelas, David Pringle no puso Fundación. “Era una época en que quedaba bien hablar mal de Asimov, que había reducido su registro semántico a tres mil palabras para que le pudiera leer todo el mundo, incluido un granjero de Kansas, lo que no le hace precisamente muy literario”. Barceló aprovechó para recordar que el género tiene junto a plumas como la de Asimov las de grandes estilistas como Dan Simmons o Stephenson.

De alguna manera es una bofetada al instinto fanboy que hay dentro de mi e inevitablemente me devuelve a la realidad: la guía es otro canon. Personalista. Importante sin duda por la relevancia que tiene en el mundo hispanohablante. Quizás también influido comercialmente por las propias obras que él ha editado. Y pienso que sería estupendo tener los cánones de mis amigos en algún lugar que pudiese consultar regularmente. Sin molestarlos cada vez que quisiera consultarlos, aunque a veces les pregunte sólo por conversar. La ventaja de consultar los cánones de mis amigos sería que los conozco: sé si uno se deja llevar más por fantasía o si la detesta, si abusa de la soft scifi o por el contrario de la hard, etc. Es decir, tengo un contexto y puedo entender sus inclinaciones. No ocurre lo mismo con Miquel Barceló a no ser que las explicite él mismo.

Es entonces que me da por recordar la polémica de los recientes premios Hugo. Dos grupos llamados Sad Puppies y Rabid Puppies –compuestos en su mayoría por autores de ciencia ficción que han sido nominados a los Hugo- han hecho campaña para posicionar en las nominaciones a autores de su preferencia. Estos grupos defienden que los Hugo  “han derivado en propaganda política de izquierdas, dando peso a historias de gays, académicas o de nicho dejando de lado criterios de calidad“. Otros los acusan de reaccionarios y dicen que los premios simplemente reflejan un abanico de mayor diversidad que “las historias de hombres blancos“. La polémica ha sido muy pública y Los votantes han preferido elegir “sin premio” en todas aquellas categorías donde sólo habían sido nominados candidatos puppies.

Estas dos historias ponen de relieve que uno no debe dejarse llevar por los ránkings sin ser consciente de sus bias. No hay un ránking válido, hay muchos posibles, como nos recuerda la historia de la salsa de spaguetti que tan bien cuenta Malcolm Gladwell: