En busca del ejercicio perdido

En la sociedad de la inmediatez y las sillas de oficina, sigo buscando el ejercicio perdido, que me permita estirar el cuerpo y refrescar la mente, encontrar el equilibrio.

Hace más de un año que descubrí y empecé a practicar el Tai Chi Chuan, gracias a uno de los talleres que había en mi ciudad durante el verano. Llevaba tiempo sin practicar ningún ejercicio y había estado leyendo textos sobre artes marciales, así que al ver taller no me lo pensé dos veces.

Aunque tenía un poco de miedo al tinte new age con el que se cubre hoy en día la práctica, el instructor me sorprendió muy gratamente por su planteamiento integral como arte marcial. Dos veces a la semana nos juntábamos en el parque que hay cerca de casa y seguíamos una rutina de ejercicios. Luego del calentamiento, practicábamos una nueva posición. Posteriormente, veíamos las aplicaciones que tenía esa posición tanto en ataque como en defensa personal mediante la práctica en pareja, lo que me resultó de una utilidad enorme para memorizar la posición e integrarla con las restantes a medida que íbamos construyendo una forma propia.

Fue muy motivador comprobar la facilidad con que, al final de las 8 semanas, podíamos ejecutar la rutina que habíamos ido construyendo de modo muy natural y sentido, también bello, a pesar de la no poca complejidad entre posiciones.

Aunque inevitablemente corto para entender los fundamentos físicos, respiratorios y meditacionales de la práctica del Tai Chi Chuan, ya en las primeras semanas de práctica uno se enfrenta al estudio de las posiciones y el equilibrio. Durante meses, me resultó enormemente gratificante la práctica diaria. Pero casi sin darme cuenta, los apuros del trabajo y los compromisos sociales fueron sometiendo mi esfera personal y lo he ido dejando de lado. Creo que la soledad de la práctica y la necesidad de encajar muchas cosas a la vez se impuso a mis ganas de mejora.

En las últimas semanas, me he puesto el objetivo de recuperar ese espacio. Con el ánimo de darle mayor continuidad, he puesto el foco en grupos que practiquen regularmente en mi ciudad, sean o no de Tai Chi Chuan. Porque si algo he aprendido en mi breve periplo por las artes marciales es que aprender a encontrar el equilibrio físico y mental es una habilidad que vale la pena desarrollar.

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