Por no mencionar al perro

¿Puede un libro ser a la vez una comedia de enredos, una novela de detectives, una sátira ambientada en la época victoriana y una obra de ciencia ficción? Todo eso, y más, es “Por no mencionar al perro” de Connie Willis.

De esta autora había leído Oveja Mansa. Aunque son libros y temáticas distintas, hay ciertas reflexiones compartidas; por ejemplo, las que tienen que ver con los sistemas complejos y la teoría del caos, reflexiones sobre si el progreso y la Historia es causal o casual. Quizás se deba a que las dos novelas han sido escritas durante el mismo período y Connie Willis no es inmune a la obsesividad que conlleva el aprendizaje sobre un tema (Spielberg hizo varias películas muy seguidas sobre los extraterrestres o la segunda guerra mundial, Stephenson amortizó su tiempo de investigación sobre mitología sumeria y griega en varios libros, etc). Ambas comparten también cierta manera de tejer el argumento que definiría como característica de Willis: su interés por los usos/modas/costumbres en distintos momentos históricos, las aventuras basadas en situaciones cotidianas y una escritura ligera que saca lo mejor de las comedias románticas.

¿Qué se puede decir de esta novela sin destripar la gracia del argumento?

Para empezar, que está ambientada en el año 2.057, donde existe una máquina de viajes en el tiempo que usan sólo los historiadores de Oxford porque no es rentable para nada más. Luego, que los historiadores Ned Henry y Kindle necesitan deshacer una paradoja temporal, de ésas que a la que despistas modifican el curso de la Historia de tal manera que provocan que los nazis ganen la 2ª guerra mundial, por ejemplo. Las paradojas temporales tienen un papel principal en esta novela; sin embargo, con lo que he disfrutado de verdad es con la aparición estelar de la Luftwaffe y la RAF, con el proyecto de reconstrucción de la catedral de Coventry que habría sido vendida primero a una secta espiritista y luego sustituida por un centro comercial, con el viaje que supone leer sobre la sociedad victoriana del siglo XIX durante la segunda revolución industrial o con los paseos en barco por el Támesis que son en sí mismos una road-movie.

Aunque es una novela larga con varios tirabuzones en el argumento, se hace entretenida gracias a la fina ironía y sátira que impregna el estilo de Connie Willis, así como a su capacidad para sacar jugo a los tópicos del género detectivesco y romántico. Quizás no me arrancó tantas carcajadas como en Oveja Mansa, pero sí me puso de buen humor.

Si eres fan del Ministerio del Tiempo o te gustó la película About Time, es probable que también disfrutes de esta novela donde la Historia es un personaje más. Por no mencionar al perro.

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